Es en los barrios pobres donde se produce el choque entre viejos y nuevos vulnerables
“La ordenación física, los conflictos y la manera en que vivimos las ciudades se explican en gran medida por la desigualdad y las pugnas que esta suscita”, escribía Oriol Nel·lo en un artículo publicado en la revista Barcelona Metròpolis en abril de 2024. Si alguien ha estudiado bien esta dinámica es él, que fue secretario de Planificación Territorial de la
k-track-dtm="">Generalitat de Catalunya entre 2003 y 2011. Es el periodo en el que se ideó y aplicó el Plan de Barrios, destinado a revertir los desastres de una segregación urbana que venía de lejos, pero que escaló a mediados de los setenta con una especialización social del territorio que todavía perdura. De esa segregación es fruto lo ocurrido en el barrio de Sant Roc de Badalona con el desalojo del antiguo instituto B9.
Cuarenta años de políticas democráticas han traído muchas mejoras, pero no han sido capaces de revertir la dinámica que cronifica y perpetúa la pobreza en esos barrios segregados. Esa dinámica consiste en que, cuando gracias al ascensor social educativo o laboral, algunos de sus habitantes mejoran sus ingresos, se van del barrio en busca de un entorno social mejor, y su lugar es ocupado por nuevos contingentes de pobres, muchos de ellos de inmigración reciente. Las gentes pasan, la pobreza permanece.






