La popularidad de esta actividad entre las británicas ha experimentado un bum en los últimos años. Lo que antes se consideraba un pasatiempo un tanto excéntrico, generalmente para jubilados con tiempo libre, se ha transformado en asidero para muchas en tiempos de confusión digital
Con la idea de entretenerse durante la pandemia, las primas Lucie Gray y Ellie Bruce, de 34 y 26 años respectivamente, probaron un detector de metales en el jardín de su abuelo. Ese mismo día encontraron el botón de una chaqueta naval, lo que picó su curiosidad. “Nos hizo preguntarnos qué otras cosas ocultas habría”, recuerda Gray, que se había mudado recientemente de su Nueva Zelanda natal a la localidad inglesa de Lincoln, donde viven sus parientes. Poco después, tras abandonar sus planes de trabajar en la industria de la moda, se unió a su prima en la empresa familiar dedicada al papel pintado artesano. Juntas también se dedicaron a su nueva afición detectando metales y compartiendo sus aventuras en la cuenta de Instagram Roman Found, que cuenta con seguidores por todo el mundo. En abril publicarán su libro Things we found in the ground (HaperCollins), una serie de relatos autobiográficos que abordan su descubrimiento personal junto con la historia colectiva y la voluntad de empezar a “mirar bajo la superficie”.







