“El infierno está vacío y todos los demonios están en Depop”, dice la columnista Poppy Sowerby. Depop es una popular plataforma de reventa y a ella dedica un artículo publicado en UnHeard, en el que habla de la cantidad de usuarios que intentan que las mujeres que venden prendas les envíen desde fotografías sexys hasta prendas de lencería usadas. Este comportamiento es conocido como fetish mining, que consiste en solicitar fotografías u otro contenido bajo falsas promesas (en este caso, la compra de un producto) con fines de autogratificación sexual.
Otro insólito comportamiento es el de los usuarios que posan de forma injustificadamente sensual con las prendas que (supuestamente) venden. El equipo de Wallapop tiene clara su postura. “La plataforma está diseñada para la compraventa de artículos de segunda mano y nuestras políticas prohíben terminantemente tanto el acoso sexual como las conductas explícitas u obscenas, ya sea a través de anuncios o de interacciones en el chat. Nuestras normas establecen que está prohibida la publicación de artículos o materiales sexuales, así como la solicitud o promoción de los mismos a través de nuestro sistema de chat o perfiles”, explican a ICON. “También se prohíben imágenes con desnudos o zonas íntimas, salvo en contextos artísticos (pintura, escultura, etc). Entendemos que en la compraventa de moda de segunda mano es común que un usuario fotografíe la prenda puesta para mostrar su estado, talla o caída. Este tipo de imágenes están permitidas siempre que estén alineadas con la finalidad de vender un artículo y no caigan en las restricciones anteriores”, aseguran.






