Todas las películas del fallecido cineasta, incluso sus comedias románticas, contienen un mensaje ‘capriano’ de esperanza en tiempos oscuros
La primera vez que Annette Bening visita la Casa Blanca en El presidente y Miss Wade, la comedia política de Rob Reiner, le dice al guardia de seguridad que se siente como si estuviese en una película de Frank Capra. El homenaje al director de ¡Qué bello es vivir!, ¡Caballero sin espada! y Juan Nadie no es casual: Capra encarna la esperanza de la América del New Deal, que salió de la Gran Depresión con las heridas de la pobreza y el desarraigo no totalmente cerradas, con los fantasmas de los vagabundos de la cosecha todavía buscando trabajo en los caminos de Estados Unidos. Aunque conocido sobre todo por comedias románticas como Cuando Harry encontró a Sally, Reiner fue también un gran cineasta político, un Frank Capra de finales del siglo XX. Volver a ver sus películas mientras los dislates de Donald Trump llenan los titulares es una experiencia tan inquietante como reconfortante.
Al igual que el maestro de la época dorada de Hollywood, quiso retratar la dignidad de unos personajes que creen que pueden mejorar la vida de sus conciudadanos, que eligen el camino correcto aunque paguen un precio por ello, retrata una América construida sobre la emigración y la mezcla de culturas, en la que la solidaridad entre los más débiles construye unas profundas redes de defensa frente al poder de los más fuertes.






