El director, de cuyo asesinato está acusado su hijo Nick, firmó unas cuantas películas que, bajo sus capas, hablan de las complejas relaciones familiares y el peso de un apellido
Entre 1986 y 1992 Rob Reiner firmó cinco películas que marcaron aquel tiempo y a varias generaciones: Cuenta conmigo (1986), La princesa prometida (1987), Cuando Harry encontró a Sally (1989), Misery (1990) y Algunos hombres buenos (1992). Las cinco representan un Hollywood que entonces parecía posible, a caballo entre el oficio de los clásicos y el desencanto del Nuevo Hollywood. Reiner fue una figura fundamental de una industria que defendía unos valores que hoy agonizan y que en su caso tenían un fuerte arraigo familiar: el actor y director creció a la sombra de su padre, el famoso comediante Carl Reiner. Esa relación atraviesa de forma velada Cuenta conmigo y Algunos hombres buenos, dos películas que conectan con el peso que supuso para él esa figura paterna.
Si Reencuentro (1983) —joya de Lawrence Kasdan sobre un grupo de amigos de la universidad que vuelven a reunirse cuando uno de ellos se suicida— habla de los valores perdidos de los sesenta, Cuenta conmigo (adaptación del relato El cuerpo, de Stephen King) logró capturar la soledad de una nueva generación que se sentía fuera de lugar y que buscó su identidad en los lazos secretos de la amistad. Su aventura es la de una pandilla de chicos de un pueblo de Oregón que decide ir en busca del cuerpo de un crío desaparecido, aunque su tema de fondo sea la orfandad. Ninguno de los cuatro amigos se siente querido en casa, y la búsqueda del cadáver les permite enfrentarse al vacío de sus padres.















