Las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social constatan que el 87% de las incapacidades temporales por contingencias profesionales son por patologías traumatológicas
Medio año es el tiempo que un paciente debe esperar para lograr una primera visita con el traumatólogo en Cataluña. Javi López (Figueres, 36 años) lleva dos bajas laborales por lesiones traumatológicas en poco más de un año. López se dedica a la carga y descarga de materiales pesados, como colchones y electrodomésticos, pero los procesos para recibir un diagnóstico preciso en ambas ocasiones le han llevado a acumular hasta nueve meses de baja. “Un día me desperté con un dolor terrible en la rodilla. No podía caminar. Cuando fui al Centro de Urgencias de Atención Primaria (CUAP), no me hicieron ninguna prueba y me mandaron reposo”, explica. “Después de un mes y medio así, el dolor seguía igual. Tardé otro mes en someterme a una resonancia que acabó diagnosticándome un simple quiste. Si me lo hubiesen detectado antes, no hubiese estado cinco meses sin trabajar”, lamenta.
La estadística oficial del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones no desagrega por tipología de baja, pero sí que da una pista sobre cómo ha crecido la incidencia de las incapacidades temporales en los últimos años. La prevalencia de las bajas por cada 1.000 trabajadores protegidos por el sistema de la Seguridad Social (incluidas las bajas que se tramitan por el sistema de Mutuas Colaboradoras de la Seguridad Social, que son la mayoría, pero también las que se tramitan por el Instituto Nacional de la Seguridad Social y por el Instituto Social de la Marina) es el indicador que, según los expertos, mejor refleja el peso de las bajas en cada momento.






