Pocos conceptos más dramáticos en sí mismos que el de esperar a que alguien se muera. Esos días en los que ya no hay nada que hacer frente a una enfermedad terminal, en los que la ciencia también ha tirado la toalla salvo para los cuidados paliativos, en los que solo quedan las lágrimas adelantadas, el esfuerzo por evitar el sufrimiento de la persona enferma, y las últimas dosis de cariño....

Si a la tragedia de la situación le sumamos el tiempo navideño, además del elemento cinematográfico, ya tendríamos la combinación perfecta para estas fiestas: sofá, pañuelos a mansalva y plena confianza en la familia con elemento de construcción y no de destrucción. El cóctel que ha elegido la actriz Kate Winslet para dar un paso al frente y debutar como directora: Adiós, June, coproducción de Netflix que exhibe en exclusiva la plataforma, no engaña a nadie. Es lo que es, y lo que casi siempre fueron estas películas. Y lo hace con tacto y profesionalidad, aunque sin brillantez.

Hijos y nietos reunidos alrededor de la persona que vive sus últimas miradas, sonrisas cómplices y muecas de dolor. El espíritu de la Navidad, multiplicado por el padecimiento físico y psicológico, dividido por la reconstrucción de los afectos en un par de hermanas que llevan tiempo sin dirigirse la palabra. Suena a fórmula y efectivamente lo es. Así esta pergeñado el guion de Joe Anders, de 22 años. Un nombre que quizá no les diga nada —en realidad es un seudónimo—, pero que es el del hijo de Winslet y del cineasta Sam Mendes.