Los votantes progresistas están desencantados, pero no pueden renunciar a criticar lo que ven
Vivo rodeado de amistades que se encuentran profundamente desoladas ante la situación política. En el mejor de los casos, guardan silencio. En la peor de las situaciones, no concuerda lo que expresan en público con lo que dicen en privado. A casi todos ellos les une el anhelo de contar con un proyecto progresista y modernizador para nuestro país. Se han visto representados en distintos momentos del tiempo por los gobiernos del Partido Socialista, tanto con Felipe González, como con José Luis Rodríguez Zapatero y con Pedro Sánchez. Pero desde hace un tiempo, están desorientados.
ttps://elpais.com/espana/2023-05-28/el-antisanchismo-arrolla-al-psoe.html" data-link-track-dtm="">Ven que el mundo cambia a toda velocidad, pero nadie les ofrece certidumbre ante un horizonte incierto.
La desorientación de mis amigos no solo nace de los casos de corrupción y de acoso sexual que afectan ahora al PSOE. Viene de un poco más atrás. Tras 2023, no hay una mayoría progresista en el Congreso de los diputados. Esto limita la capacidad transformadora del gobierno con medidas nítidamente de izquierdas. Es por ello que la economía crece, pero ven como sus hijos se empobrecen, la pobreza infantil sigue siendo una problema casi ocho años después de la moción de censura o el salario mediano lleva un tiempo estancado. La desigualdad sigue siendo una preocupación profunda en la sociedad en la que viven. Además, aunque han apoyado la Ley de Amnistía en muchas cenas con amigos y familiares, de forma más militante que creyente, en su interior siguen haciéndose preguntas sobre la verdadera intención de los independentistas catalanes. Dudan. Aunque hay días que se entusiasman escuchando a Gabriel Rufián.






