En plena temporada de fotos y celebraciones, cada vez más menores quieren arreglarse y pintarse. Ante esta petición, hay que discernir entre si es un juego o el primer paso de una presión estética que cada vez llega antes

Llega la Navidad y, de repente, a muchas niñas les entra una prisa nueva por “ponerse guapas” para las cenas, los selfis y los encuentros familiares. Les piden a sus madres que las dejen maquillarse, se apropian del neceser, como quien se cuela en la cocina a por turrón, y lo que durante el año pasa desapercibido, en estas fechas se vuelve ritual: brillo en los labios, rímel a escondidas, colorete. A veces es un juego inocente, la típica imitación de los adultos. Otras, empieza a parecer otra cosa: una necesidad, una forma de sentirse válida en el espejo y, sobre todo, en la pantalla, advierte la psicóloga infantil María Luisa Ferrerós, especializada en neuropsicología.

Porque al abrir Instagram o TikTok ese capricho se mezcla con otra imagen: una ristra de menores maquilladas para posar, con gesto ensayado y códigos de mayores, como si las fiestas fueran una alfombra roja con turrones y villancicos de fondo. ¿Dónde está la frontera entre el brillo puntual de fiesta y el maquillaje para “estar más guapa”? ¿Qué hacer cuando tu hija pequeña te pide maquillarse para una cena o una comida familiar? ¿Se deben marcar límites?