El adelanto electoral para reforzar al PP de María Guardiola ha regalado a Vox una fuerza que volverá a condicionar a los populares

La clara victoria del Partido Popular en las elecciones anticipadas de este domingo en Extremadura confirma que uno de los bastiones históricos de la izquierda española ha iniciado un ciclo de mayorías de derechas. Pero ese ciclo no estará dominado solo por la derecha tradicional. Junto a la victoria del PP (29 escaños en la Asamblea, solo uno más que hace dos años), Extremadura vivió una explosión del voto de ultraderecha. Vox, que en 2019 se quedó fuera de la Asamblea y en 2023 entró con cinco diputados, registró una espectacular subida hasta los 11 asientos. El partido de Santiago Abascal es el verdadero ganador de la apuesta del PP. Un éxito de la ultraderecha en España. Tan incontestable como preocupante.

María Guardiola había convocado a los extremeños a las urnas para pedirles una mayoría más amplia que le permitiera no depender de los ultras para gobernar, una situación que empezó cuando tuvo que desdecirse de sus declaraciones anti-Vox en junio de 2023 y había alcanzado su máxima tensión con la falta de acuerdo para los presupuestos. No lo ha logrado. La política extremeña vuelve desde hoy a la casilla de salida, pero en peor situación: Vox duplica holgadamente su representación de entonces y se siente avalado por un ascenso meteórico en tiempo récord. El PP cosecha más votos que toda la izquierda junta, y Guardiola puede ser investida presidenta con la abstención de Vox, pero lo necesitará para gobernar. El PP se ve ahora abocado a la misma dinámica perversa que en buena medida es la razón por la que Feijóo no llegó a La Moncloa: depender de la ultraderecha para formar Gobierno y asumir como propias posturas extremistas que la mayoría moderada de los españoles rechazan.