El control de la asociación juvenil Revuelta y el presunto desvío de fondos para la dana abren una brecha en la formación ultra

Solo una vez se ha referido públicamente el líder de Vox, Santiago Abascal, a la guerra sin cuartel que en las últimas semanas ha estallado en Revuelta, la marca de las juventudes de su partido. “Veo un gran interés en involucrar a Vox en algo en que la única responsabilidad que tiene es haber exigido transparencia”, dijo el martes en Casares de las Hurdes (Cáceres). “Se está demostrando que Vox es un partido limpio que ha exigido transparencia con claridad, contundencia, de manera sostenida, y, cuando no la ha obtenido, lo ha denunciado”, agregó.

Abascal ha hecho todo lo posible por evitar que la crisis de Revuelta se colara en la campaña electoral de Extremadura, donde Vox aspira este domingo a ser el partido que más crece y a tutelar al Gobierno de María Guardiola. Sin embargo, es consciente, según quienes le rodean, de que los efectos de este seísmo van mucho más allá de unas elecciones regionales y amenazan los propios cimientos de su partido. Lo que está en juego es la credibilidad en un tema altamente sensible: el destino de cientos de miles de euros recaudados al socaire de la ola de solidaridad con las víctimas de la dana. Tras haber proclamado que “solo el pueblo salva al pueblo” y denunciado la supuesta inoperancia del Estado ante la catástrofe, cunde la sospecha de que parte de los fondos solidarios se quedó en el bolsillo de los rescatadores.