El regalo del ministro de Exteriores danés a su homólogo egipcio de una recreación de la Gran Pirámide o el retrato de Trump simbolizan el éxito de la compañía que, con juguetes más complejos, apunta a los mayores

Estaban presentes el rey de España, el presidente de Alemania o el primer ministro holandés. Se inauguraba, en El Cairo, el Gran Museo Egipcio, el relato expositivo más completo del mundo sobre la civilización que surgió a orillas del río Nilo. Después de dos décadas de obras, sobresaltos, retrasos y revoluciones, el esperadísimo proyecto ...

se hacía realidad. Así que el ministro de Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, pensó que tan solemne ocasión merecía un regalo a la altura. Ni el protocolo pudo contener el entusiasmo de su homólogo local, Badr Abdel Aty, cuando lo recibió: su sonrisa, en una fotografía oficial, es la misma de millones de niños ―y cada vez más adultos― ante un nuevo Lego. En concreto, la Gran Pirámide de Guiza, recreación de la milenaria maravilla que se levanta cerca de la nueva pinacoteca. Se calcula que la construcción original precisó al menos 20 años. A saber cuándo tardará el político egipcio: debe encajar 1.476 piezas, uno de los mayores conjuntos del catálogo. Mientras, la empresa danesa ha colocado otro ladrillo sobre su fama. Siempre ha visitado muchos hogares, pero ahora la invitan a los salones más exclusivos. Hasta la Casa Blanca, en su decoración para esta Navidad, expone un retrato del presidente Trump hecho de Lego.