Acostumbrado a que los todopoderosos salten de edificio en edificio con trajes coloridos como Spiderman, un Dios que se hace niño y pobre le parecía insólito a mi hijo

La escena está en la segunda temporada de The Chosen (Los elegidos), la primera serie que se ha hecho sobre la vida de Cristo. La Virgen María está compartiendo hoguera con los apóstoles en ausencia de su hijo, que se encuentra curando enfermos, cuando María Magdalena le pregunta por el nacimiento de Jesús. La Virgen sonríe y le responde que no fue en absoluto como esperaba. Que tuvo que limpiarlo porque estaba sucio. Que era muy pequeño, que tenía frío, lloraba y necesitaba ayud...

a. Su ayuda, la de una adolescente de Nazaret. Al calor de la lumbre, la madre de Cristo les confiesa a sus seguidores que por un momento se preguntó si ese ser tan pequeño y desvalido podía ser realmente el hijo de Dios.

La misma duda tuvo el año pasado mi hijo mayor, que entonces tenía tres años. Era muy reticente a creer que Dios hubiera elegido encarnase en lo que para él, que ese año había empezado a ir al colegio, era una especie inferior: los bebés. Acostumbrado a que los todopoderosos salten de edificio en edificio ataviados con trajes coloridos como Spiderman, o a que tengan mucho dinero como Batman, o un físico portentoso como Hulk, un Dios que se hace niño, niño pobre, además, debía parecerle una cosa insólita. No le culpo. Cuando lo pienso —cuando lo pienso de verdad—, a mí también me lo parece.