No se trata de ahorrar grandes cantidades de dinero, sino de organizarse: revisar gastos fijos, detectar fugas y establecer prioridades, según expertos de OVB. En ese sentido, el asesor no es solo un especialista, sino un faro con el que proyectar, simplificar y estructurar
Cada enero arranca con una lista de propósitos que se repite de forma casi automática: hacer más deporte, mejorar la alimentación, dedicar más tiempo a uno mismo o aprender algo nuevo. Sin embargo, hay un propósito silencioso que rara vez aparece escrito, aunque condiciona a todos los demás: la salud financiera. No tiene que ver con ganar más dinero, sino con vivir con tranquilidad y sentir que las decisiones económicas encajan con la vida real sin generar sobresaltos....
“La salud financiera no es un concepto técnico; es una sensación”, explica Manuel Alonso, director comercial de OVB España. “Es el bienestar que aparece cuando sabes que tus decisiones económicas tienen sentido y no te van a despertar a mitad de la noche”, añade. Su definición apunta a algo más emocional que matemático: la relación que mantenemos con el dinero influye en nuestro descanso, en nuestra seguridad y hasta en nuestra capacidad de disfrute.








