El homenaje a Robe Iniesta en Plasencia acumula miles de mensajes y vídeos en redes sociales siete días después, tras una organización inédita por parte del entorno del artista

Andar, lo que es andar, anduvo. Y más por estos lares. Una semana después de la marcha de Robe Iniesta, Plasencia, su ciudad natal, sigue envuelta en una melancolía extraña. No acostumbra este rincón extremeño a ser noticia. Tal vez salga dos o tres veces al año en algún informativo nacional, por los fallos del tren, algún suceso extraordinario, o la clásica conexión veraniega con algún intrépido reportero llegado de Madrid que se da u...

n chapuzón por las piscinas naturales de su entorno. El domingo pasado, de pronto, los ojos de España estaban puestos aquí.

Los hoteles se llenaron ante el asombro de los vecinos. Los bares hicieron su agosto. Las churrerías –aquí es costumbre cenar churros el último día de la semana— cerraron con cajas para el recuerdo. Sucede muy de vez en cuando —por no decir casi nunca— que en rincones impropios para ello crezcan figuras gigantescas. Voces que claman en el desierto. Aquí Robe logró que si a un placentino se le pregunta de dónde es, se le acompañe de su nombre. “De Plasencia, donde Robe”. Y se ubican.