Nuevos datos muestran como el acercamiento de la placa africana y la euroasiática fuerza un desplazamiento que cerrará el Mediterráneo
Que la Península y el norte de África se están juntando es algo que viene sucediendo desde hace cientos de miles de años. Pero cómo lo están haciendo, el modo en que se está moviendo la parte superior de la corteza terrestre, sigue una ruta que aún está dibujándose. Nuevos datos muestran que el terreno que hoy forman España y Portugal está girando de este a oeste, en el sentido de las agujas de un viejo reloj. Las placas sobre las que descansan ambos lados del Estrecho se están acercando y comprimiendo un poco más cada año. Las consecuencias, muy a largo plazo, serán enormes: el Mediterráneo volverá a ser un mar cerrado, África y Europa serán una por el oeste y lo que hoy es el sur ibérico mirará hacia América o se habrá fusionado con la zona de Ceuta.
La corteza terrestre está cuarteada en porciones que flotan y se mueven sobre un manto inferior casi líquido y dúctil. Ese movimiento de las placas tectónicas es el que está detrás de que los continentes se acerquen o alejen, de que los mares se cierren o abran. Pero también de tensiones que acaban por liberarse en forma de terremotos y erupciones volcánicas. En ese baile geológico, “las placas euroasiática y africana se acercan entre cuatro y 6 milímetros cada año”, recuerda Asier Madarieta, investigador de la Universidad del País Vasco (UPV). “El límite entre las placas que rodean el océano Atlántico y Argelia es muy claro, mientras que en el sur de la península Ibérica es mucho más difuso y complejo”, añade Madarieta, primer autor de un nuevo trabajo que muestra los últimos datos de la dinámica bajo nuestros pies.








