En vez de perseguir a los depredadores digitales o a las plataformas que los toleran, el nuevo régimen trumpista persigue a quienes los señalan
La Fundación Maldita acaba de publicar una valiosa investigación periodística que revela cómo TikTok se ha convertido en un paraíso para depredadores sexuales y consumidores de contenido pedófilo. Su algoritmo recomienda de forma masiva vídeos de menores, reales o generados con inteligencia artificial, y conduce a los usuarios hacia perfiles y contenidos cada vez más sexualizados. Los periodistas identificaron cuentas con más de un millón de seguidores, miles de vídeos problemáticos, comentarios explícitos de adultos dirigidos a menores y rutas que conducen a gru...
pos externos de Telegram donde se intercambia pornografía infantil. La plataforma, pese a conocer estos patrones y a contar con normas que prohíben este material, no actúa con suficiente contundencia y permite que que estos circuitos de riesgo sigan creciendo a plena luz, a la vista de cualquier usuario.
Ovación de gala para Maldita por arrojar luz sobre lo que sucede en TikTok, ese opaco segundo hogar al que se han mudado millones de adolescentes sin que sus padres tengan una idea clara de cuántos indeseables conviven con sus hijos. Investigar las redes puede, además, resultar más laborioso que un caso de corrupción. No hay informes de la UCO ni fuentes con las que tomarse un café. Todo el material hay que buscarlo sorteando las limitaciones de observación que impone el algoritmo. Ello requiere audacia y creatividad a la hora de diseñar un método de trabajo específico y adaptado a la dinámica de la red social. Es algo que han aprendido a hacer organismos en todo el mundo que, como Maldita, se dedican a la verificación de información y a hacer periodismo con la desinformación que nos invade y desborda.






