Para dominar el mundo a Estados Unidos le interesa destruir la UE desde dentro y acabar con la democracia liberal. Para eso usa a sus infiltrados, los partidos de extrema derecha

En los años noventa nos reíamos del tipo de artículos que salían en Cosmopolitan: 10 maneras de saber si tu primera cita va a salir bien o cómo explicarle que lo ves solo como amigo. Era miopía, hoy lees cosas así en la prensa seria, textos muy sentidos. Lo ñoñoteórico está ya por todas partes. Pero es verdad que a veces es útil que te pongan por escrito que una relación no funciona. Estos días hemos tenido dos ejemplos, informes propiamente dichos. Empezaré por el que ha...

tenido menos eco, que habla del pasado. Es un informe del Reino Unido que parece un thriller sobre un controvertido topo de los servicios secretos británicos en el IRA. Tenía el típico nombre nacionalista irlandés, Freddie Scappaticci, hijo de inmigrantes italianos, pero está claro que si hubiera vivido en Italia podría haber hecho carrera en la Mafia. El fascinante libro de Patrick Radden Keefe sobre la historia oculta del IRA (No digas nada, 2020, Reservoir Books) ya contaba esta historia: era el responsable de la seguridad interna e interrogó, torturó y asesinó a decenas de sospechosos de ser confidentes del enemigo entre 1980 y 1994. Lo increíble es que él, el jefe de los torturadores, era el chivato número uno; fue agente doble durante 25 años. Ahora este informe oficial se pregunta si mató más gente de la que ayudó a salvar y si mereció la pena, y no está nada claro. Según Radden Keefe, asesinó a unas 50 personas —el informe certifica al menos 18— y las autoridades sostenían que salvó a 180, pero ahora se estima que es una cifra inflada. En todo caso, las cuentas se hacen luego, en el momento dan lo mismo, hay otras prioridades. ¿Convenía esta relación? El informe parece concluir que no: “Una y otra vez, daba la impresión de que proteger al agente prevalecía sobre la protección de la vida de sus víctimas”. En el libro se cuenta que uno de los oficiales de la lucha antiterrorista le planteó sus dudas a Margaret Thatcher, pero el mensaje fue: continúa con lo que haces, pero no nos cuentes los detalles. Así son las cosas a un cierto nivel, hay un esquema superior.