El equipo vigués supera tras el descanso a un descafeinado equipo bilbaíno, que falló un penalti
Los partidos de fútbol en ocasiones se abren como si fuesen melones. El que jugaron Celta y Athletic en Balaídos no parecía al descanso que albergase fruto alguno, pero de pronto se volvió sabrosón y pródigo en acontecimientos teñidos. Todo sucedió en una escenografía única, uno de esos invernales solpores (puesta de sol) galaicos que regalan una luz única. La tramoya futbolística convirtió una liza esforzada que moría al llegar a las áreas en un fluido toma y daca que premió al Celta y propició que Balaídos cantase victoria por primera vez en lo que va de Liga. Cinco empates y tres derrotas sumaban los celestes ante los suyos, pero al Athletic lo dejaron atrás (2-0) con dos goles que llegaron en sus primeros intentos dirigidos entre palos.
Fueron ocho minutos de exuberancia justo al regresar de la caseta. El Athletic se revolvió contra su suerte, tuvo opciones para meterse en el partido con un penalti que marró Nico Williams o un disparo al palo de Izeta, pero no le llegó para rascar siquiera un empate.
El Celta ganó con cierto gusto. Trabajó bien antes del descanso, sufridor porque tuvo menos la pelota que su rival y jugó más tiempo en su campo que cerca de Unai Simón. Lo hizo con un once en el que apenas repetían cuatro piezas respecto al equipo que abrió el partido del jueves pasado ante el Bolonia. Enfrascado entre Europa y la Liga, algo que podría convertirse en una trampa, el técnico Claudio Giráldez ha conseguido estirar su plantilla y convertirla en larguísima porque todos cuentan y aportan.






