El director regresa a la saga de ‘Avatar’ con una tercera película ambientada en un mundo en conflicto que funciona como espejo de la realidad

En tiempos de taquilla en retroceso y presupuestos encogidos, el rey del mundo aprieta el acelerador. James Cameron (Kapuskasing, Canadá, 71 años) regresa a Pandora con Avatar: fuego y ceniza, la tercera entrega de la saga, “la más dramática y centrada en las emociones de sus protagonistas”, aseguraba la semana pasada el director, menos soberbio de lo esperado, durante una entrevista en un hotel de París. La película, que se estrena en cines el próximo viernes, ha costado más de 400 millones de dólares (340 millones de euro...

s), en una fase de contracción del mercado que pone en peligro la existencia de este tipo de superproducciones.

Un año después de asentarse entre los metkayina, la familia de Jake y Neytiri se enfrenta a una nueva tribu na’vi —el Pueblo de las Cenizas, liderado por la temible Varang— cuya alianza con el malvado Quaritch amenaza con volver a abrir Pandora en canal. Cualquier parecido con una realidad atravesada por conflictos entre semejantes no puede ser casualidad. “Aunque hable de personas azules y de estatura desmesurada que viven en otro planeta, es una película sobre la especie humana”, aclaraba Cameron, por si hiciera falta.