La mayor universidad presencial de España no puede vivir bajo la hostilidad económica y política de la Comunidad de Madrid

La Universidad Complutense de Madrid, el campus presencial más grande de España, se ha convertido, bien a su pesar, en el emblema de la necesidad de defender una enseñanza pública dignamente dotada frente a una crónica infrafinanciación que no siempre responde a razones económicas, sino a una apuesta ideológica contra lo público. Todas las universidades públicas españolas se hallan en una preocupante situación financiera, pero el auténtico drama lo padecen las seis de la Comunidad de Madrid y, en particular, la Complutense.

Recorrer sus facultades, hablar con sus alumnos, profesores, empleados o decanos pone rostro a lo que todas las cifras muestran: el práctico colapso debido a la falta del apoyo económico por parte de quien debe dárselo, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso. Las transferencias corrientes de la comunidad autónoma a la Complutense —la principal partida en sus ingresos— han caído desde 2010 un 28% si se tiene en cuenta el efecto de la inflación acumulada. Desde 2012 esas transferencias ya no cubren los gastos de personal. Para poder simplemente pagar las nóminas y a sus proveedores, la Complutense tuvo que pedir en octubre un crédito de 34,5 millones al mismo Gobierno que la infrafinancia. Por ese crédito deberá abonar 4,4 millones en intereses. Tras cerrar el pasado ejercicio con un déficit de 33 millones, mantendrá hasta 2028 un recorte de gastos del 35% para poder seguir funcionando y devolver el préstamo.