El caso de acoso en el partido llevado hasta la Fiscalía por una edil del municipio malagueño es el ejemplo más claro de cómo los mecanismos antiacoso del partido fallaron
Cuando a las puertas de la sede del Partido Socialista en Madrid estallaba el escándalo de denuncias de acoso contra Paco Salazar, con media militancia todavía caliente por el bochorno de
com/sociedad/2025-06-17/los-audios-de-abalos-y-koldo-despiertan-la-ira-de-las-feministas-del-psoe.html" data-link-track-dtm=""> los audios de Ábalos y Koldo al referirse a unas mujeres, una concejala que estaba a más de 500 kilómetros al sur de ahí comenzó a sentirse un poco menos sola. Era a principios de julio. El presidente, Pedro Sánchez, prometió en respuesta la creación de un órgano independiente para denunciar el acoso sexual en la agrupación. Y ella creyó que por fin alguien de ahí arriba (Madrid) la escucharía. Había pasado un mes desde que decidiera dar un golpe sobre la mesa que le había costado años y estaba dispuesta a romper la omertá a la que se había sometido para no hacer daño al partido. Aún no sabía que se iba a sentir todavía más sola y que ese silencio no la protegería de nada. Tenían que pasar cuatro meses más.







