Desde la posibilidad de adentrarse explorar fantasías ‘kink’ (no convencionales) fuera de la pareja hasta si es factible hacerlo sin que afecte a la monogamia ante la ausencia de contacto genital son algunas de las cuestiones que emergen dentro de las parejas

Aunque el mito de que los opuestos se atraen está integrado en los discursos relacionales de una forma tan abrumadora que incluso puede en ocasiones parecer que se cimenta sobre una base científica, ¿qué ocurre cuando la mitad de la pareja no quiere ir más allá de la postura del misionero mientras que la otra mitad ansía explorar prácticas BDSM, siglas de bondage, dominación-disciplina, sumisión-sadismo, masoquismo? Pese a ser habitual que las parejas tengan intereses sexuales distintos, ¿es posible tener una relación saludable cuando las apetencias sexuales de una de las partes no son satisfechas?

Una lectora de The New York Times pregunta al medio al respecto. Explica que su marido solo quiere practicar el denominado “sexo vainilla”, un término originado dentro de la comunidad BDSM que se refiere a la forma de sexo más suave, esa que muchos consideran “el sexo normal”. Los deseos sexuales de la lectora quieren explorar prácticas bondage y por ello, plantea la siguiente cuestión. “¿Es ético que intente revisar los límites de la relación y buscar una relación consensuada y no monógama donde pueda explorar mis fantasías kink (no convencionales)?”.