Era un gamberro y a la vez un romántico. Un dinamitero y un filósofo. Un artista de la palabra soez y al mismo tiempo un maestro de la imagen definitiva

Siempre se van demasiado pronto los que nos han ayudado a hacer de la vida una experiencia más plena. También los que nos han llevado a vivirla de un modo más intenso y verdadero. Para muchos Robe Iniesta ha sido la voz propicia de un poeta que abría en la realidad, que nunca es la que nos gustaría y que a veces sabe hacerse aborrecer —empezando por lo que cada uno de nosotros es en lo más profundo—, hendiduras por las que entraba un fulgor que la volvía menos inerte y menos triste. Podía cantarle a la pérdida, a la soledad, a nuestra in...

agotable capacidad de meter la pata y dañar a otros y a nosotros mismos; pero cuando los versos de Robe apuntaban a esos infiernos, en ellos, parafraseando una de sus canciones, se hacía la luz.

Era un gamberro y a la vez un romántico. Un dinamitero y un filósofo. Un artista de la palabra soez y al mismo tiempo un maestro de la imagen definitiva. “La vida es roja si te vas” y “Mi vida una letra que escribo en hojas en blanco”. Nunca rehuyó el dolor, porque jamás renunció a la libertad ni se apeó, por nada del mundo, de la lealtad a cuanto amaba. Cantó como nadie al arte de perder el tiempo, las batallas, el rumbo y hasta la vida, en ejercicio de esa libertad y esa lealtad innegociables. Y también al de nunca arrepentirse de haber fallado la jugada, cuando es el corazón el que exige tomar el camino desaconsejable y terminar pagando, con intereses y recargos, todos los platos rotos.