El boticario del barrio de Hortaleza de Madrid, despedido por 200 personas en su adiós, repasa su vida y planea el futuro: “Seguiré trabajando en una farmacia”
Fausto González Chavero (Madrid, 54 años) entra en la cafetería La Llama de su barrio, Chamberí, un bar de siempre en el que se reúnen a estas horas, once de la mañana, varios trabajadores y jubilados. Es martes 9 de diciembre. El pasado miércoles 3, casi doscientos vecinos del barrio de Hortaleza lo homenajearon frente a su farmacia, ya ex farmacia, en su último día de trabajo allí.
ia.html" data-link-track-dtm="">Había llegado en 2009 y, como relató David Expósito en EL PAÍS, su extraordinaria huella entre los vecinos hizo que su marcha supusiera una conmoción. Cuesta hacer esta entrevista. Fausto González se niega al teléfono en primera instancia: no quiere protagonismo, dice, no más. “Ya hemos llorado, ya hemos reído, ya está hecho”.
Pregunta. Gracias.
Respuesta. Bueno [sonríe]. Es que ya hablé con muchos periodistas, y este no es mi trabajo ni mi sitio. Pero está bien, hablemos.






