Un gol arbitrario (0-1) permite al equipo inglés salir de San Siro con 12 puntos en pleno conflicto disciplinario con Mo Salah
El videoarbitraje condenó al Inter por un agarrón superfluo de Bastoni y una exageración evidente de Wirtz, y así, con un penalti decretado de forma evidentemente arbitraria concluyó un partido inane, una recolección de actividades burocráticas defensivas, un bodrio. Ganó el Liverpool merced a ese penalti y el 1-0 de San Siro alivió la crisis política, institucional y administrativa que desencadenó Mo Salah cuando este domingo acusó públicamente al club y a su entrenador de traición por privarle de la titularidad tres veces seguidas. La victoria rebaja la presión y el estrépito mediático y prácticamente asegura la clasificación a la siguiente ronda de la Champions gracias a los 12 puntos sumados.
Ignoramos si Salah dejará de chantajear al Liverpool algún día, metido como anda el egipcio, desde hace años, en el reclamo constante de aumentos salariales y derechos adquiridos a cambio de sus goles. Tampoco parece claro que su relación laboral con el club tenga futuro, dadas las suculentas ofertas que le tientan desde Arabia Saudí y lo mucho que han respaldado los dueños a Arne Slot, el entrenador desafiado. Lo que no tiene arreglo, de momento, es el juego del Liverpool.







