Un estudio conecta la disponibilidad de sodio con la mayor o menor abundancia de grandes herbívoros

Entre los ingredientes de la receta de la vida, como el carbono, el hidrógeno o el oxígeno, los más abundantes, el nitrógeno el fosforo o el potasio, hay uno, para algunos, el séptimo de los macronutrientes, tan esencial en la cocina como en la naturaleza: el sodio (símbolo Na). Es escaso, apenas representa el 3% de la corteza terrestre, y la inmensa mayoría no es bioasimilable. En grandes cantidades lo mata todo, como buscaron hacer los romanos con Cartago cubriéndola de sal. Pero su papel desconcierta a los científicos: estando casi ausente de las plantas, los herbívoros (y el resto de animales tras ellos) morirían sin la pizca de un elemento que necesitan para su metabolismo y fisiología ...

celular. Ahora, un mapa del sodio de África muestra que allí donde hay mayor disponibilidad, es donde prosperan los grandes animales, como jirafas, rinocerontes o elefantes. Y donde escasea, escasean ellos.

“África occidental y partes de la central tienen una alta productividad, lo que significa que hay abundante forraje disponible para los herbívoros”, recuerda Andrew Abraham, investigador de la Universidad Municipal de Nueva York y primer autor de este mapa de la sal, investigación publicada en Nature Ecology and Evolution. “Sin embargo, durante mucho tiempo ha existido un misterio sobre por qué no hay más megaherbívoros en estas zonas”, añade. En efecto, a diferencia de lo que sucede en la franja sur del Sahel, en las sabanas del este y sur del continente, con gran densidad de grandes herbívoros a pesar de contar con menor disponibilidad vegetal, hay otras zonas del África subsahariana donde no hay ni elefantes, ni jirafas, ni rinocerontes. Tampoco existen poblaciones de grandes ungulados, como las cebras. Parece un sinsentido.