Pantone ha elegido como tono de 2026 uno que trae a la mente asociaciones poco saludables

Pantone ha dicho que el color de 2026 será el blanco, que es el color de las nubes y el de la ropa de monja que Rosalía

os.html" data-link-track-dtm="">(sí, otra vez ella; ¿les riñen a ustedes por llevar años dando la turra con Sabina o con Springsteen?) lleva en la portada de un disco alucinante que, pasado por un prisma, arroja todos los colores. Dice la crítica de moda del New York Times, Vanessa Friedman: “Dado el reciente discurso político, cuando escucho blanco, me vienen a la mente asociaciones poco saludables, que dudo que Pantone haya tenido en cuenta”.

Con qué elegancia evita la palabra supremacismo y, por tanto, la ira de los que ya presumen a la luz del día de ponerse caperuzas blancas en plena noche. Efectivamente, el blanco es némesis del negro y no se puede decir que la empresa que ha sido propietaria de Pantone, Danaher, no lo sepa bien. Justo antes de la segunda venida de Trump a la presidencia, contaba con un programa de diversidad e inclusión de esos que MAGA abomina, llamado Black and Friends con el que celebraba, a través del pantonario, la infinita riqueza cromática de la piel humana. Esta megacorporación es propietaria de otras muchas compañías. Una de ellas se llama Genedata y se dedica a cruzar datos genéticos con ayuda de la inteligencia artificial para ofrecérselos a la industria farmacéutica, ese ejército cuyos soldados se visten con bata inmaculada.