Sigue siendo válido preguntarse si una acción militar —sea con tropas o ataques quirúrgicos— contra Venezuela y otros países latinoamericanos es realmente inevitable
Por fin, más de 100 días después del inicio del despliegue naval estadounidense en el Caribe, Trump anunció su decisión de pasar de los ataques marítimos a los terrestres. Los objetivos iniciales, adelantó, están en Venezuela, aunque también amenazó a Colombia y a cualquier país que produzca o trafique drogas. “Acabaremos con esos hijos de perra”, sentenció, imprimiendo a su declaración ese toque camorrero que es su marca de fábrica. Así, la crisis llegó a su punto más álgido. Se sabe que algo va a pasar, pero no qué, cuándo ni cómo. Pero, incluso como ejercicio retórico, sigue siendo válido preguntarse si una acción militar —sea con tropas o ataques quirúrgicos— contra Venezuela y otros países latinoamericanos es realmente inevitable.
Durante la semana pasada, Trump fue sembrando señales para avisar a la opinión pública que su Gobierno había entrado en contacto con la dictadura de Nicolás Maduro. Primero dijo que hablaría con él; luego reveló que ya lo había hecho, pero minimizó el hecho diciendo que solo fue una llamada. Sin embargo, Reuters informó el lunes por la noche que la conversación tuvo lugar el 21 de noviembre y duró 15 minutos. Los detalles: Maduro planteó una lista de requisitos para abandonar el poder, que incluía una amnistía amplia para él y un centenar de acólitos, además de un gobierno interino presidido por la actual vicepresidenta Delcy Rodríguez. Trump aceptó permitir su salida del país con su familia y le dio un ultimátum verbal para que dejara Venezuela antes del 28 de noviembre, lo cual no ocurrió. Pero rechazó todo lo demás, porque la definición de qué se puede o no conceder a Maduro no le corresponde.







