Aparatos como el Satisfyer han ayudado a romper tabús hacia el autoplacer femenino, pero la misma tecnología ha impedido que algunas exploren por sí mismas sus cuerpos y los infinitos caminos hacia el éxtasis
La juguetería erótica, sobre todo el Satisfayer, redefinió la idea que las mujeres tenían sobre la masturbación. Y es muy curioso porque, siendo aparatos diseñados especialmente para la zona genital, donde más influyeron fue en las mentes de sus usuarias. De golpe y porrazo, tocarse en la soledad de una habitación no era un parche cuando no había nada me...
jor, no era un secreto que no se compartía ni con la mejor amiga. Los juguetes dejaron de ser consoladores para ser aliados y convirtieron el autoplacer en un gozo, una alegría compartida, algo de lo que alardear, el perfecto regalo para las Navidades.
Pero no hay que creer en revoluciones tan rápidas y sin efectos colaterales. La masturbación femenina, aunque haya dejado de ser tabú, todavía requiere de mucho aprendizaje, coexistencia con las relaciones sexuales compartidas y consciencia corporal. Los juguetes le han quitado su halo oscuro y deprimente, pero la tecnología aplicada al placer ha impedido que algunas mujeres exploren por sí mismas los infinitos caminos hacia el éxtasis, llevándolas siempre por la autopista más rápida. Las máquinas hacen el trabajo, pero también restan habilidades.






