En 2014 llegó a mis manos un pequeño juguete erótico para mujeres. Era un vibrador de clítoris, tenía forma de ratón de ordenador y un tacto casi humano. Su nombre era Iroha, Sakura, de la marca Tenga. Tecnología japonesa al servicio del éxtasis. Nunca había...

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probado nada igual. Desde entonces, a la línea de Tenga dedicada a la mujer, Iroha, le adivino una filosofía al margen de las grandes marcas de juguetería sexual. Es como esos amantes que no exhiben sus virtudes, que tal vez no son potencialmente deseables para la mayoría de las mujeres, pero que conocen las contraseñas para acceder a los lugares más recónditos del cuerpo femenino y del placer.

11 años después de aquel memorable encuentro con el pequeño Sakura, y con motivo de EroSpain, la feria para profesionales del sector erótico que se celebró en Barcelona el pasado mayo, me encontré cara a cara con el inventor de ese pequeño prodigio: Koichi Matsumoto (Shizuoka, Japón, 58 años). El director de Tenga despliega el aspecto infantil y espíritu lúdico que, combinado con una calidad inigualable y un dominio de la tecnología, impregna toda su marca.

Pregunta. Usted es mecánico de formación y trabajó muchos años en el sector del automóvil, sobre todo relacionado con la reconstrucción, reparación y mejora de coches clásicos de alta gama (Lambourghinis o Ferraris). ¿Cómo pasó del mundo de la automoción al de la juguetería sexual?