Es necesaria la máxima contundencia y colaboración para frenar el brote de peste detectado en jabalíes silvestres de Barcelona
El virus de la peste porcina africana, desterrado hace tres décadas, vuelve a amenazar a la cabaña de cerdos en España después de que el pasado 26 de noviembre se detectaran dos jabalíes silvestres muertos por esta enfermedad en las inmediaciones del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona. Una semana después ya son nueve ejemplares. Es una terrible noticia que exige una actuación decidida y coordinada de las autoridades a todos los niveles para atajar cuanto antes la expansión del virus y evitar que la enfermedad llegue a las granjas de animales. Frente a la alarma, es necesario recordar que la peste porcina es muy contagiosa entre cerdos y jabalíes, pero ni se transmite a otros animales ni afecta al ser humano, por lo que el consumo de porcino es seguro. Esta no es una crisis sanitaria.
El actual brote no ha sido detectado en una granja, como en otras ocasiones, sino en el medio natural. Esto obliga a una doble reflexión. Por una parte, debería forzar a las autoridades a tomar cartas de una vez por todas en la cuestión del control de plagas de animales salvajes. Los jabalíes llevan años colonizando espacios en los que no estaban presentes como consecuencia de la despoblación rural, la falta de planes para evitar su reproducción descontrolada y, a menudo, comportamientos negligentes por parte de ciudadanos que los alimentan o dejan comida a su alcance.










