La campaña electoral ha estado plagada de insultos y acusaciones de fraude y con muy poco énfasis en propuestas concretas para aliviar los graves problemas del país: la pobreza, la violencia y la impunidad
La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, podría entregar la banda presidencial por primera vez en la historia de este país centroamericano a otra mujer, Rixi Moncada, candidata del oficialista Libre. Esa es la apuesta del Gobierno en una elección muy reñida, en la que Moncada parte como segunda favorita, según las encuestas, aunque con un estrecho margen de diferencia frente a Salvador Nasralla, el aspirante del Partido Liberal. En un tercer lugar está Nasry Asfura, exalcalde de la capital, Tegucigalpa, y abanderado del conservador Partido Nacional. Los hondureños tendrán que elegir entre la continuidad que representa Moncada o un giro a la derecha en una elección plagada de insultos y acusaciones de fraude.
De lo que menos han hablado los candidatos, según los analistas consultados en Tegucigalpa, es de propuestas concretas para aliviar la pobreza que aflige a millones de habitantes de este pequeño país, así como la violencia, el narcotráfico y la impunidad que beneficia a funcionarios, políticos y empresarios que han ordeñado la de por sí flacas arcas de un Estado en perpetua crisis. “La campaña electoral no ha estado amarrada de propuestas técnicas con fuerza y como lo merece el pueblo hondureño. Ha sido la sociedad civil la que ha tomado el rol que le corresponde a los partidos políticos y ha sentado a los candidatos y les ha exigido que se fijen en propuestas que le interesan a la población, como el tema de la lucha contra la corrupción”, explica Cristian Nolasco, especialista en auditoria social del Consejo Nacional Anticorrupción. Estas son algunas de las propuestas que los candidatos han hecho a lo largo de una campaña crispada.
















