El enviado de la Casa Blanca, sin ninguna noción de diplomacia, prevé reunirse con Putin la próxima semana tras filtrarse unos audios en los que aconsejaba al Kremlin cómo ganarse al presidente estadounidense

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha encargado a uno de sus mejores amigos que viaje

-con-putin-para-hablar-del-plan-de-paz-para-ucrania.html" data-link-track-dtm="">la próxima semana a Rusia para entrevistarse con Vladímir Putin. Quiere desbloquear las negociaciones sobre un acuerdo de paz para Ucrania, que parecía cerca hace unos días, pero volvió a encallar por la displicencia de Moscú. Y para eso necesita a alguien de confianza. Steve Witkoff, un neoyorquino nacido en una familia judía del Bronx hace 68 años y que no tiene ni idea de diplomacia —y que, aun así, lleva ya varios meses ejerciendo esa crítica labor—, es su emisario.

Witkoff, hijo de un fabricante de abrigos para señoras, ha contado en alguna ocasión cómo se forjó esa amistad. En 1986 trabajaba como joven abogado para un despacho legal que asesoraba en una operación inmobiliaria que afectaba a la familia Trump. En aquella época el actual presidente aún no había fundado su propia empresa. Las negociaciones se prolongaron durante toda la noche. En un receso, casi de madrugada, Witkoff bajó a una tienda de productos delicatessen para llenar el estómago. Allí se encontró con Trump, que había pedido un bocadillo de jamón y queso suizo, pero no tenía dinero para comprarlo porque se había olvidado la cartera. Witkoff se ofreció a pagarle el sándwich.