El concierto del músico en Colonia parecía estar abocado al desastre, pero se obró un milagro: vender cuatro millones de discos con un recital de piano completamente improvisado

En una de las más memorables escenas del cine de los noventa, en su clásica película Caro Diario, el cineasta Nanni Moretti conduce su Vespa por las calles de Roma con el emocionante inicio de

z-en-solitario-mas-vendido-de-la-historia.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/icon/2025-05-19/koln-75-como-un-hombre-al-limite-y-un-piano-estropeado-crearon-el-disco-de-jazz-en-solitario-mas-vendido-de-la-historia.html" data-link-track-dtm="">The Köln Concert acompañando lo que se ve en la pantalla. Es una secuencia que dura nada menos que seis minutos, en los que la imagen se ve propulsada por una música que embelesa al espectador y refleja por qué este álbum, cuyo contenido fue completamente improvisado por un solista de jazz, se convirtió inesperadamente en el disco de piano más exitoso de la historia.

Más allá de sus cualidades musicales, su magia reside en lo imprevisto, en un cúmulo de circunstancias que cincelaron una pieza musical cuya trascendencia era imposible de calibrar, ni antes ni justo después del recital. El propio concepto interpretativo de Jarrett, que tenía 30 años (hoy 80, nacido en Pensilvania), sentarse al piano con prácticamente ninguna idea prevista y sin ninguna composición sobre la que tocar, e improvisar durante más de una hora en una estética surgida de muchas influencias y alejada de la abstracción del free jazz, es un desafío a lo fortuito y a la capacidad creativa del artista en las circunstancias en que se encuentre en el momento de la actuación. Si cuando comienza a tocar tiene frío, le duele la cabeza, está en un buen momento personal o acaba de recibir una mala noticia, eso acabará marcando lo que suene a continuación mucho más de lo que lo haría con cualquier programa convenientemente ensayado.