Es el álbum de música improvisada en solitario más célebre de la historia, pero su autor reniega de él. Keith Jarrett tenía un pésimo recuerdo de las condiciones en que se grabó Köln 75, en un abarrotado Teatro de la Ópera de Colonia la noche del 24 de enero de 1975. El pianista estadounidense lo asociaba con la precaria gira europea en que se embarcó en uno de los peores momentos de su carrera, tras separarse de Miles Davis y disolver su cuarteto.

El día de autos, Jarrett compareció en Colonia hambriento y exhausto tras un largo viaje por carretera desde Zúrich, llevando una faja para paliar los intensos dolores lumbares que padecía por entonces. Para colmo, se vio forzado a tocar con “un piano de juguete” que ni siquiera estaba del todo afinado. Años después, el músico de Allentown, Pensilvania, recordaba que había arrancado recreando las primeras notas de una canción popular alemana que acababa de pescar al vuelo en su camino hacia el escenario. Aunque muy rara vez escuchó el álbum resultante, Jarrett se recordaba dedicando varios minutos a sacarle punta a tan precario lápiz.

Otra cosa es la reacción de los 1.400 privilegiados que acudieron esa noche al recital en la ciudad renana o de los millones de melómanos que han escuchado Köln 75 desde entonces. Vera Brandes (nacida en Colonia en 1956) estaba allí. Con apenas 18 años, ella fue la promotora que hizo posible el concierto, la que convenció a Jarrett para que añadiese una fecha adicional en su extenuante gira solitaria del invierno de 1975.