El director propone una interesante película de cámara, con apenas un puñado de protagonistas, ambientada exclusivamente en un bar y centrada en un personaje extraordinario y real
Bajo la fachada de la fiesta, del color, del ritmo, de la efervescencia y del hedonismo del viejo Broadway —y por extensión, de los inicios del Hollywood dorado— se escondían también las mayores crueldades, vulnerabilidades, inseguridades y rencores. Solo había que poner el foco entre bambalinas o, como ha hecho Richard Linklater en Blue Moon, en la fiesta posterior a...
uno de aquellos espectaculares estrenos teatrales.
El polvo bajo la alfombra; el alma bajo la máscara; el rictus tras la sonrisa. Hasta esos lugares tan remotos del ser humano y de la sociedad de la diversión llega Linklater en una interesante película de cámara, con apenas un puñado de protagonistas, ambientada exclusivamente en el mítico bar de copas neoyorquino Sardi’s, y protagonizada por un personaje extraordinario, y real: el letrista de musicales Lorenz Hart, creador junto a Richard Rodgers de la mítica canción que da título a la película. El tipo que mejor sabía vislumbrar, ver y capturar la belleza, y el que menos la poseía en su propia persona. Ni por fuera, ni por dentro.







