Exsoldados con estrés postraumático aplican en Tijuana un tratamiento, al que también se ha sumado el luchador de artes marciales mixtas Conor McGregor, pese a la alerta por sus posibles efectos secundarios
Marcus Capone fue un soldado de los Equipos Tierra, Mar y Aire de la Marina de Guerra de Estados Unidos (conocidos habitualmente como Navy Seals) hasta el 2013. Se enlistó tras el atentado terrorista a las Torres Gemelas en 2001. Sirvió en Afganistán en 2005 y pasaba alrededor de 300 días fuera de su hogar de misión en misión. En ese tiempo, como muchos combatientes y veteranos, desarrolló un trastorno por estrés postraumático. Se automedicaba. Padecía depresión, ansiedad y tenía pesadillas. Supo que tocó fondo cuando su esposa, Amber Capone, lo encontró una madrugada en la sala de su hogar con una botella de whisky vacía y un arma cargada mientras veía en la televisión videos antiguos de su entrenamiento como soldado. Cuando pensó que ya no había solución para su padecimiento, encontró una luz en Tijuana, México, a través de un tratamiento con ibogaína, un alcaloide con efectos alucinógenos y estimulantes al que, en los últimos años, deportistas y artistas del país vecino al norte han comenzado a acceder para supuestamente curar sus adicciones.






