Las movilizaciones ciudadanas contra la contaminación química desatan un potente desafío al régimen
La sucesión de protestas ambientales y sociales que sacude Túnez desde hace un mes cuestiona el poder autocrático del presidente Kais Said, en el cargo desde 2019 y reelegido el año pasado tras haber clausurado el Parlamento en 2021. El deterioro de los servicios públicos y la crisis económica en la que está sumido el país magrebí, donde el salario mínimo se sitúa en los 450 dinares (unos 130 euros), están detrás de la mayor oleada de malestar ciudadano registrada desde la llegada al poder de Said, que ha pilotado la demolición del sistema multipartidista surgido en 2011 en el primer estallido de la Primavera Árabe.
Tras la huelga en el sector del transporte y la más reciente de empleados de banca, las movilizaciones de médicos y periodistas recorrieron la semana pasada las calles de la capital tunecina. El sábado, miles de personas se manifestaron en Túnez para arremeter contra las políticas de Said. El presidente achaca sistemáticamente las expresiones de descontento a una conspiración extranjera dirigida a socavar el Estado mediante crisis ficticias.
Las masivas protestas contra la contaminación en la región costera de Gabes (sureste) han sido las que han sacudido con más intensidad los cimientos del régimen. El mes pasado, decenas de miles de personas se echaron a la calle en una huelga general contra las intoxicaciones causadas por la industria química.







