La religión, ya desposeída de un significado trascendental (ahora que lo único trascendental es el dinero), se está convirtiendo en un estilismo tras 2.000 años de refinamiento ritual

Sin ninguna duda, Rosalía es ahora mismo la artista española más internacional, el orgullo de un país. Simpática, llena de talento, innovadora, y

ras-del-pop-con-un-salto-al-vacio-intenso-y-fascinante.html" data-link-track-dtm="">capaz de sorprendernos en cada disco. Además, es guapa, cosa que siempre suma a la hora de alabar a un personaje público.

Una parte del éxito de Rosalía —una parte, que no la principal— se debe a los videoclips de Canada. Qué buenos son los Canada. Otra parte del éxito de Rosalía se debe a lo borregos que somos, y que nos gusta seguir una moda más que rebañar la salsa de un plato de albóndigas. El resto, lo magro, se debe exclusivamente a su talento.

Tuve la suerte de ver a Rosalía en directo antes de su primer disco. Llamaba mucho la atención por la luz que desprendía y por su forma de cantar, esa que horroriza a los flamencos heterodoxos y que tanto gusta a los jóvenes que apenas han oído flamenco en su vida. A los que estamos entre lo uno y lo otro también nos agrada mucho.