Amparo Llanos cuenta que cuando estaba en el grupo aprendió a hacer música sobre la marcha. Ahora se ha embarcado en la traducción de las cartas de la escritora británica, por quien siente auténtica devoción. Ha convertido su casa de Madrid en un templo dedicado a las autoras
Hay gafas en la cocina, en el sofá y en la mesa del salón. Hay gafas en la zona de la librería. Hay gafas por todas partes. “Veo muy bien de lejos pero muy mal de cerca”, dice Amparo Llanos (Madrid, 1965), “ya sabes, vista cansada... Tampoco es un drama”. Cada par tiene su uso y su graduación y las que lleva colgadas del cuello son para leer en la calle. Porque Amparo lee todo el rato, también cuando camina. El apartamento está situado a pocos metros del Parque del ...
Retiro, donde la música y escritora sale a pasear casi todos los días. Hace 22 años se mudó de Majadahonda a esta casa, después de que su hermana Cristina (cofundadora de la banda Dover) viera que estaba en venta. No se plantea mudarse: “He fantaseado con irme a Miraflores, donde pasé los veranos de mi niñez. Pero los inviernos allí son más duritos y más fríos y aquí tengo a mis hermanas. Yo qué sé. Me da pereza”.
La estancia huele especialmente bien, hay piezas de arte mexicanas, románicas y prerrománicas heredadas de su madre, fotografías de escritoras y artistas pegadas en los laterales de una de las librerías y hay, sobre todo, libros, muchos libros, la mayoría en inglés. En el comedor y en el salón se reparten los ensayos, las novelas y, en general, los libros de filosofía de autores masculinos y femeninos. Hay casi cuatro estanterías dedicadas a la novelista británica Jane Austen: a sus novelas, los libros que leía, los que hablan de ella, los que la citan mínimamente. “Pero tienes que ver mi biblioteca feminista”, apunta Amparo con orgullo y complicidad.






