El Ejecutivo prepara un rápido relevo con un nombre con autoridad para dar un mensaje fuerte, mientras la indignación reunifica a la mayoría

En La Moncloa, en los ministerios, en las sedes de los distintos partidos que componen la mayoría del Gobierno, se escucharon palabras muy gruesas en cuanto se conoció que el Tribunal Supremo, por 5-2, condenaba al fiscal general por revelación de secretos. Algunos lo temían, otros incluso lo daban por hecho, pero había aún muchos dirigentes, especialmente los juristas, que pensaban que una condena era imposible porque no había pruebas, que habría algún rasgo de sensatez y buscarían una absolución aunque fuera con reproches duros al fiscal para cubrirse de las críticas en la derecha.

Pero una condena tan rápida, anunciada en un 20 de noviembre, cambiando de ponente -porque la inicial quería absolver-, con la obligación de pagar al novio de Isabel Díaz Ayuso 10.000 euros, y encima sin dar a conocer los argumentos hasta dentro de 10 días, terminó de hacer estallar la indignación en todo el mundo progresista.

La rabia fue creciendo a lo largo del día, y el Gobierno pasó de una inicial cautela de Félix Bolaños, ministro de Justicia, que llamó a la calma aunque dejó claro que el Ejecutivo no comparte el fallo, y apuntó a un posible recurso al Tribunal Constitucional, a un Óscar López, ministro de Transformación Digital, desatado por la noche en Hora 25 de la Cadena SER. “El fiscal es inocente, a pesar de lo que diga el Supremo. Cuando escuché el fallo sentí mucha desolación. Si son capaces de condenar a alguien sin pruebas, ¿qué es lo siguiente? ¿liberar a alguien con todas las pruebas? Y lo digo por alguien que, para recochineo, ayer se compra el ático”, dijo López en referencia a la pareja de Isabel Díaz Ayuso, que acaba de adquirir el ático encima de su piso de lujo, presuntamente comprado gracias al pelotazo de dos millones de euros con mascarillas en pandemia y el fraude fiscal de 350.000 que dio origen al caso.