Unicef advierte en un informe anual de que más menores corren el riesgo de caer en la pobreza debido a los recortes mundiales en cooperación, los conflictos crecientes y el cambio climático

Cuando la tuberculosis dejó paralítico a su padre, Astride, sus hermanos y su madre fueron a las minas de cobre de Lualaba, en la República Democrática del Congo. Por 12 horas de trabajo peligroso y extenuante, recogiendo y lavando mineral, esta niña recibía dos dólares. “Trabajar en una mina siendo mujer significa vivir con miedo constante”, afirma Astride, hoy convertida en soldadora en un taller.

Su testimonio es uno de los recogidos por Unicef en su informe anual El Estado de los Niños en el Mundo 2025: Acabar con la Pobreza Infantil publicado este jueves, coincidiendo con el Día Mundial de la Infancia. En él, la agencia de la ONU lanza varios mensajes de alerta: los importantes avances en la lucha contra la pobreza infantil registrados en los últimos 25 años han perdido velocidad o directamente se han estancado, especialmente en países del África subsahariana, y los conflictos, los estragos climáticos y los graves recortes en ayuda oficial al desarrollo amenazan gravemente la lucha contra la pobreza infantil.