Hace diez años, la comunidad internacional se comprometió a poner fin al trabajo infantil en todas sus formas en 2025, pero actualmente 138 millones de niños y niñas en todo el mundo están obligados a trabajar, una cifra podría ir en aumento debido a los recortes en cooperación decretados por Estados Unidos y otros donantes occidentales.
Son las conclusiones de un informe conjunto publicado este miércoles por Unicef y la Organización Internacional de Trabajo (OIT) que se realiza cada cuatro años. “Estas cifras nos siguen mostrando un panorama desolador de trabajo y de explotación. La pobreza hace que familias vulnerables empujen a sus hijos al mercado laboral por pura supervivencia. Y el contexto actual de recortes en la ayuda al desarrollo genera una gran preocupación”, dice a este periódico Rocío Vicente, especialista de programas internacionales en Unicef-España.
Desde enero, cuando Donald Trump volvió a la Casa Blanca, USAID, la agencia de cooperación de Estados Unidos, responsable de más del 40% del volumen mundial de ayuda al desarrollo, se ha prácticamente desmantelado. A eso se suman recortes en solidaridad en otros países, como Alemania o Reino Unido. Si disminuyen los fondos internacionales destinados a fomentar la educación, garantizar la protección social y reducir la el hambre en el mundo, inevitablemente habrá familias vulnerables que se vean obligadas a enviar a alguno de sus hijos a trabajar.







