A golpe de azada y rastrillo o con maquinaria pesada, los creadores y recuperadores de sendas y caminos para ir en bicicleta o caminar reclaman ayudas y planes estructurados de trabajo al Gobierno

Los senderos de montaña son líneas de vida, arterias por donde circulan mujeres y hombres dichosos, cansados, veloces, ensimismados tratando de unir el punto de salida con el de llegada. Antes fueron nexos de unión entre aldeas, sendas de cazadores, ocasión para el

ielsa.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/elviajero/escapadas/espana/2025-09-03/tras-los-pasos-del-exilio-republicano-a-francia-por-el-puerto-viejo-de-bielsa.html" data-link-track-dtm="">contrabando o refugio para pastores y sus rebaños. Hoy, el ocio lo absorbe casi todo y no habría senderistas, ciclistas, corredores de montaña sin senderos. Las sendas y caminos observan sus propios ciclos vitales: tan pronto se erosionan por un tráfico humano frecuente como desaparecen en el olvido, tragados por la indiferencia y el acecho de la maleza. Se precisa mano de obra para restaurarlos, incluso para crear nuevos itinerarios de expresión. Son muy pocas las personas dedicadas en España a su cuidado, y la mayoría procede del mundo de la bicicleta de montaña, siempre ávido de salirse de las aburridas pistas forestales para buscar un terreno de juego más estético y lúdico.