El expolítico barcelonés y padre de la Constitución reflexiona, 50 años después, sobre el impacto de la muerte de Franco, el espíritu de la Transición y el problema cívico de no enseñar la historia contemporánea de España en las aulas
Miquel Roca (Burdeos, 85 años) nació en el exilio francés, mientras el ejército nazi asediaba la ciudad donde se refugiaron sus padres. “Nadie ha podido dudar de qué parte estaba”. Antifranquista activo desde los 20 años y expulsado de la Universidad junto a algunos de los jóvenes profesores más brillantes de su generación, participó en la fundación de Convergència Democràtica de Catalunya, fue uno de los miembros de la ponencia constitucional y portavoz de la minoría catalana en las Cortes desde 1977 y durante casi do...
s décadas. Puntual, en la novena planta del edificio de su bufete, con vistas al Ensanche de Barcelona, responde con su mítica efectiva oratoria.
Pregunta. ¿Sabía que Franco se acababa?
Respuesta. La conciencia que se iba a morir venía desde tiempo atrás, pero hubo un momento, en los últimos 15 días, que lo veías, “esto se termina”. La noticia no sorprende, pero impacta. “Ahora sí empieza una nueva etapa”. Intuíamos básicamente hacia dónde debíamos ir, pero solo lo intuíamos.







