Mattia Binotto, director de operaciones, y Jonathan Weathley, jefe de equipo, desgranan en Múnich los detalles del portentoso proyecto alemán

Cuando Audi anunció en 2022 su esperada incursión en la Fórmula 1, el australiano Adam Baker subió al estrado en el norte de Madrid, junto al circuito del Jarama, y se dirigió al mundo como el indiscutible líder de un proyecto que, en sus propias palabras, aspiraba a luchar por el Mundial a partir de 2028. Tres años después, ni Baker ni el director del equipo, Andreas Seidl, ni el presidente del consejo de administración, Olivier Hoffmann, continúan en ...

el organigrama del gigante de la automoción alemana, que el pasado año dio un volantazo a su hoja de ruta para entregarle las llaves de la marca al antiguo mandamás de Ferrari, Mattia Binotto, y al británico Jonathan Wheatley, clave en el meteórico ascenso de Red Bull desde 2010.

”El equipo empezó siendo otro, sí, pero nos dimos cuenta de que si quieres jugar la Champions League, necesitas entrenadores con nivel de Champions League, así que cuando surgió la oportunidad de incorporar a Jonathan y Mattia lo tuvimos muy claro”, sostiene Jurgen Rittersberger, director de finanzas de Audi, flanqueado por sus dos hombres de confianza en un hotel a las afueras de Múnich, donde la marca presenta ante la prensa internacional el monoplaza con el que debutará el próximo año en el Gran Circo.