Los sainetes y el esperpento han encontrado dignos sucesores en los guionistas de las series de ficción autóctonos apoyados, eso sí, por distinguidos políticos

La serie holandesa El imperio de Ámsterdam nos habla, básicamente, de la venganza de una esposa despechada y humillada porque su compañero la abandonó por una joven. Nada nuevo bajo el sol salvo que el villano es también el propietario de Jackal, una importante red de locales en los que se vende legalmente cannabis. Y un dato relevante: ya en 2015 los productores de marihuana de la región holandesa de Brabante generaban un volumen de negocio anual cifrado en 1.000 millones de euros....

Naturalmente, cuando algo mueve tal cantidad de dinero es inevitable la presencia de las mafias, locales e internacionales, y es en ese ambiente de codicia es en el que se mueven nuestros protagonistas Jack van Doorn y su vengativa esposa Betty a lo largo de los siete capítulos de la primera temporada que exhibe Netflix.

Y de la afamada frase “sexo, drogas y rock and roll” parece ser que hemos pasado a la de “sexo, drogas y alta cocina” suponemos que debido en parte a programas como MasterChef en la que los fogones son las reinas de la casa, o a gastrónomos como Julio Camba, Nestor Luján y Manuel Vázquez Montalbán.