Varias empresas ofrecen a inversores oportunidades para poner las viviendas en alquiler a través de esta aplicación de mensajería, en grupos que llegan a rondar los 15.000 suscriptores
Todo sucede a velocidad de vértigo. El piso aparece en el chat con su precio de venta, el alquiler estimado, y la rentabilidad prevista que puede obtener el inversor si decide comprarlo. A partir de ahí, cada minuto cuenta: los interesados envían un correo electrónico y dicen que lo quieren —generalmente para arrendarlo— basándose en la información que la empresa les transmite: metros cuadrados, habitaciones, zona de la ciudad donde se encuentra, año de construcción, si necesita algo de reforma, y las comisiones a abonar a los intermediarios. Luego, las empresas que los ofrecen hacen un sorteo o llaman a los candidatos según el orden de peticiones. Unas horas después, la operación está cerrada: inmueble adjudicado, se informa al resto.
Este tipo de transacciones se han popularizado en los últimos tiempos en la aplicación Telegram, donde son varias las firmas que operan ofreciendo varias oportunidades semanales a inversores, en grupos abiertos a todo el mundo que llegan a rondar los 15.000 suscriptores. El comprador no suele ver la vivienda antes de adquirirla, y habitualmente vive en otra ciudad, pero aquí todo se basa en números: si la rentabilidad cuadra y la ubicación convence, el dinero aparece con rapidez. La distancia no es un problema: los nuevos propietarios pueden delegar la gestión del alquiler y la reforma a los mismos que se lo han vendido a cambio de una comisión.






