El anuncio de la reconstrucción de las instalaciones nucleares destruidas por los bombardeos de Israel y EE UU indica que Jameneí no renuncia al programa atómico

El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, declaró el 2 de noviembre que su país va a reconstruir “con mayor capacidad” las instalaciones nucleares destruidas por los bombardeos israelíes y estadounidenses de junio. Resulta tentador desestimar sus palabras como otra bravuconada del régimen islamista. Sin embargo, son la confirmación de que, en el debate de la oligarquía gobernante sobre cómo preservar su poder tras aquella humillación, el líder supremo,...

Alí Jameneí, ha optado por mantener el statu quo.

La guerra de junio pilló a los dirigentes iraníes por sorpresa. También expuso la debilidad del sistema surgido de la revolución de 1979. No solo arruinó la costosa apuesta por la disuasión nuclear de Jameneí, sino que arrebató a sus militares el control del espacio aéreo y puso en entredicho a sus servicios de seguridad infiltrados por espías israelíes. La subsiguiente discusión sobre qué hacer para salvaguardar el régimen traspasó los muros de la Oficina del Líder.

Durante el verano, partidarios y contrarios de entablar nuevas negociaciones con Estados Unidos (y, en definitiva, renunciar al enriquecimiento de uranio que les exige la Administración Trump) expusieron sus argumentos en diversos foros. Unos, pragmáticos, argumentaban que la recuperación económica del país necesitaba el levantamiento de las sanciones, algo inalcanzable sin el acuerdo de Washington. Otros, defensores a ultranza del programa atómico, subrayaban la falta de fruto de concesiones anteriores.